Sobre mi

Me llamo Ana. O Anouk, lo que prefieras. Soy fotógrafa. Vale, hasta aquí nada nuevo, ¿verdad?

Porque si ahora te cuento que acabé de estudiar fotografía en 2005, probablemente te quedes igual.
Te entiendo, yo pensaría exactamente lo mismo.

 
Pero, ¿y si te digo que hace 20 años ni por asomo me imaginaba haciendo lo que hago hoy?

 
Vamos, ¡ni en broma!

 
Por aquel entonces pensaba que vivir de la fotografía era casi imposible.

 
O eras un artista reconocido, hacías BBC (bodas, bautizos y comuniones), o trabajabas para un periódico.

Bueno, pues lo más cerca que estuve de aquello fue tirando cables y montando escenarios.

Vamos, lo que toda la vida hemos llamado “hacer bolos” en conciertos y eventos. Cuando llegas a un concierto y ves el escenario montado, pues yo era una de las que estaba ahí detrás, encajando todas las piezas. Un puzzle pero a lo bestia.

Allí estaba yo… Una mujer en un mundo mayoritariamente masculino.

 

Era un trabajo duro, físico, de cargar peso y con mucho esfuerzo de equipo. Como puedes imaginar, de creativo no tenía mucho. Pero, ¿sabes qué? Era divertido, viajaba un montón y aprendí de la vida a base de montar y desmontar escenarios.

Fue una época genial.

Me dejó dos grandes cosas: disfrutar conciertos de mis grupos favoritos desde primera fila y ver partidos de fútbol decisivos casi tocando a los jugadores, dando mucha envidia a mi padre.

 

Pero, sobre todo, me llevo dos cosas importantes de esa etapa:

  • 1. Aprender que soy capaz de hacer todo aquello que me proponga.
  • 2. Al amor de mi vida. Lo conocí trabajando y seguimos formando el mejor equipo.

¿Y si te digo además que en esa época no era una persona niñera?

sobre-mi-fotógrafa-infantil-y-familiar

Pues tal cual. Lo que oyes.


De hecho, no sabía ni cómo coger a un bebé. Mi primer contacto real con uno fue cuando una amiga muy cercana, sin avisar, me endiñó a su hija recién nacida en brazos y me dijo: «¡Toma, cógela!».


Imagíname ahí, tensa como un palo, en plan «¿y ahora qué hago yo con esto, que parece que se rompe?».


Literal. Tal cual te lo cuento.

 

Pues bien, todo esto dio un vuelco enorme en 2013 cuando llegó mi hija. 

 

Ahí me tocó ponerme las pilas de verdad, porque imagínate: mamá primeriza y encima arrancando mi propio negocio de fotografía. Vamos, el pack completo. 

 

Para añadirle más emoción al asunto, cuando la peque tenía solo un año decidí especializarme en fotografía newborn.

¿Newborn?

 Sí ya sabes, fotos de recién nacidos justo cuando yo misma todavía estaba aprendiendo a ser mamá.

 

¿Una locura?

 

Pues un poquito sí, no te voy a engañar.

 

Recuerdo perfectamente aquellas primeras sesiones. Me pasaba noches enteras sin pegar ojo. Entre Alba llorando y los nervios pensando en cómo saldría la sesión del día siguiente, dormía lo justo para funcionar al día siguiente.

Y dirás, ¿para qué me cuentas todo esto?

Pues porque estar viviendo ese momento como mamá primeriza fue clave para entender cómo quería trabajar con otras familias.
Al estar yo también ahí, con las mismas dudas, las mismas preocupaciones y las mismas noches en vela, pude entender exactamente lo que sienten mis clientes cuando llegan al estudio.


Aprendí de primera mano qué necesitáis los padres cuando venís a hacer fotos: paciencia, comprensión, tranquilidad y, sobre todo, alguien que sepa ponerse en vuestra piel.


Eso se me quedó grabado a fuego desde entonces, y lo aplico en cada sesión que hago.


Da igual que sea un embarazo, una sesión de newborn o smashcake: siempre empiezo poniéndome en vuestro lugar.
Porque sé que para que una sesión sea mágica, vosotros tenéis que estar tranquilos, cómodos, y sintiéndoos como en casa.
Y los bebés lo notan. Lo perciben todo. Si vosotros estáis relajados, ellos también lo estarán.


La fotografía, al final, es eso.


Si te digo que es “Capturar emociones” suena a cliché manido y aburrido.


Lo sé, creedme.


Pero mi trabajo consiste en sentir con vosotros y guardar esos momentos para siempre.


Así, tal cual sois.

A la petición le falta una clave API o el parámetro key no es válido.
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